En nuestro día a día utilizamos diferentes objetos que, por comunes y ser cuasi unas prolongaciones de nosotros mismos, apenas advertimos. Y no hablamos de ser conscientes o no de emplearlos, sino de tener un verdadero interés en saber de ellos, conocer su historia, darles el valor que merecen y reconocer lo que han supuesto en nuestra existencia propia y en la de la misma humanidad. Podríamos pensar en la rueda, presente en vehículos de todo tipo, en un simple peine o, si rumiamos gastronómicamente, en instrumentos como la cuchara.
La palabra «cuchara» proviene de una antigua medida de granos, «cuchar», y esta a su vez del latín «cochleāre». Un vocablo que se empleaba para designar al caracol o incluso a la concha de un molusco, y en la etimología, encontramos en parte el origen de la herramienta. Porque a lo largo de la historia el utensilio que ahora definimos como un objeto con una parte cóncava, con un mango para sostenerlo, que sirve para llevar a nuestra boca alimentos pequeños, blandos o líquidos y que normalmente está hecho de algún metal, ha sido cuasi de todo.Desde un sencillo trozo de pan al caparazón de algún crustáceo, el fragmento de un cuerno o huesos toscamente trabajados.

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